Jesus dentro de las violentas pandillas de Guatemala
Por Dr. Bob Ekblad
Hace un par de semanas, volví de cuatro intensos días en la Ciudad de Guatemala, trabajando con la "Estrategia de Transformación," una iniciativa que apoya, anima y entrena un grupo de miembros ex pandilleros y pastores comprometidos en el trabajo transformational con los miembros activos de pandillas. El viaje tenía una serie de recordatorios, ya que Guatemala fue el lugar donde Dios me llamó trabajar con el pobres; y donde yo había llamado a Gracie para pedirle que se casara conmigo; en 1980, durante una de las peores épocas de violencia causada por la guerra civil.
Yo no había visitado Guatemala en 20 años, pero allí estaba, listo para entrar en dos prisiones que alojan algunos de los pandilleros más violentos y para entrenar a capellanes y obreros del ministerio que actualmente sirven con lo más pobre de los pobres. ¡Eso sí que era un privilegio! Pero mi memoria del terror de la violencia también se volvió a encender. Tortura, matanzas salvajes y decapitaciones en 1980-81, alimentado por la política americana, todavía está pasando, ahora entre las bandas rivales de hombres jóvenes y la policía; y los miembros de la banda jóvenes huérfanos de padre están siendo los chivos expiatorios para casi todo, incluso de la violencia ellos han heredado.
Los guardias abrieron las puertas y nos dejaron dentro, en medio de 180 hombres jóvenes, muchos con tatuajes en sus caras y cuerpos. Al contrario de nuestra cárcel local, humo de marihuana, llamadas de celulares, una prostituta y una disputa sobre una mujer hizo difícil conseguir la atención de personas sobre el estudio de la Biblia. Pero nosotros logramos hacerlo de la manera en que mejor sabemos, en la cárcel del condado de Skagit donde yo leía la Biblia con prisioneros regularmente. Chris, de nuestro equipo del ministerio, jugó y cantó cerca de los hombres después de que nosotros pedimos el permiso a poner las manos en cada uno y oramos para que la Presencia de Dios trajera sanidad, saciedad y bendición. Yo podía darme cuenta de que cada uno de los “tipos rudos y duros” se ablandaba cuando nosotros oramos, pero los hombres tenían que tener cuidado para no expresar exteriormente que ellos estaban siendo afectados positivamente.
Las iglesias son muchas veces vistas como pandillas rivales, y a menudo actúan de esa forma – sacando y alejando a la gente de sus familias más funcionales de “homies” hacia algo muchas veces marcado por el legalismo y la exclusividad. Sin embargo un número de los prisioneros más luego me dijeron en privado que ellos apreciaron el estudio bíblico recibiendo a Jesús como su guarda espaldas personal – una lectura particular que yo hago de Salmo 23 y Lucas 15. Me perturbó saber de Joel Van Dyke, quien acaba de terminar su tesis de doctorado en pandillas, que alrededor de 80% de los pandilleros vienen de hogares evangélicos. El legalismo engendra legalismo a menos que sea confrontado directamente y sanado por las gracia y el amor de Jesús.
Unos días más tarde fuimos a la prisión más infame de Centroamérica a visitar a presos miembros de quizás la pandilla más notable del hemisferio oeste. Una vez más los guardias nos dejaron con más o menos 110 internos. Compartimos y hablamos con un número de los hombres, algunos de los cuales se habían unido a las pandillas por primera vez cuando vivían en Los Angeles antes de pasar tiempo en la cárcel en los Estados Unidos y ser deportados. Luego escuché de Joel que muchos de los miembros de las pandillas perdieron a sus padres por los escuadrones de la muerte o por la Guerra en los años 80, por causa del terror y el miedo muchos emigraron como jóvenes adolescentes a los EUA, muchas veces terminando como vendedores de drogas y uniéndose a una pandilla.
Unos días antes de viajar a Guatemala tuve un sueño de un pandillero muy tatuado con un hoyo en su lado derecho. Pude ver a alguien de encajaba esa descripción, y necesitanba preguntarle donde podría encontrar un baño. Lo seguí hacia la parte más oscura de la prisión, y después de usar el inodoro, él humildemente me preguntó si me gustaría ver su celda. Ahí en su celda, ese hombre, quien había recibido un disparo en su abdomen, sentenciado a más de 120 años, unos de los altos jefes de esta pandilla me invitó a que me sentara en una silla plástica y escuchar acerca de su creencia en Dios. Le ofrecí un CD de música contemplativa de flauta para adoración y una copia de mi libro Leyendo la Biblia con los Condenados, lo cual él aceptó animadamente. Oramos juntos por la paz y la presencia de Dios en su vida y él estaba muy agradecido.
De ahí fuimos directo hacia Chris, quien cantaba sobre un grupo de más o menos 40 internos, mientras que una vez más se nos dio permiso para orar y poner las manos sobre cada uno. Luego dirigí una reflexión sobre el llamado de Mateo, lo cual terminó siendo un estudio Biblico penetrante. Describí cómo Mateo, un cobrador de impuestos – una notoria clase de gente que casi todo el mundo odiaba. “¿Quién encajaría esa descripción de colectores de impuestos hoy día?” pregunté. Las pandillas en Guatemala fuerzan a los negocios en sus territorios a pagar impuestos de “protección” (de ellos mismos) y a los conductores de taxi los obligan a pagar “impuestos de circulación” – y los hombres sonrieron y se miraron unos a otros, reconociendo que ellos encajan la descripción.
Entonces qué estaba haciendo Mateo cuando Jesús lo llama? Pregunto. Los hombres se sorprenden cuando notan que él no estaba siguiendo ninguna regla, buscando a Dios o haciendo nada religioso, pero practicando su odiado negocio cuando Jesús se apareció en la calle y lo escoge.
“Entonces veamos si Jesús hizo que Mateo dejara la pandilla para ser un Cristiano,” Sugiero, y la gente miran de cerca el siguiente versículo. Allí Jesús está comiendo en la casa de Mateo con otros cobradores de impuestos y pecadores y con los discípulos.
Así que quién sigue a quién? Pregunto, emocionado por ver la reacción de la gente. Los hombres pudieron ver que Jesús aparentemente siguió al pandillero Mateo hacia su barrio y se unió a sus homies para una comida.
“Entonces qué piensan ustedes, muchachos, ¿dejarían a Jesús entrar en su pandilla?” pregunto, mirando directamente a los dos jefes de la pandilla. Ambos tenían una gran sonrisa mientras miramos a la reacción de Jesús por el desdén de los fariseos.
“Los que están sanos no tienen necesidad de un doctor, sino los que están enfermos.” Les pregunto si ellos se sienten de alguna forma ofendidos por pensar en ellos como enfermos – ellos no parecen estarlo para nada. He logrado su atención y la palabra final de Jesús a los religiosos de adentro pega a estos tipos como una lluvia de balas espirituales desde la dirección de:
“Vayan y aprendan que significa esto, Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque he venido para llamar no a los justos, sino a los pecadores.“ Yo supe por experiencia que ellos estaban dejando a Jesús entrar y escuchando su llamado a seguirle. El jueves siguiente de regreso a nuestra cárcel local dos grupos de diez internos todos dieron la bienvenida a Jesús dentro de sus celdas y dentro de sus vidas después de conversar sobre este mismo pasaje.
Pero ese día, todavía tuvimos que dejar la prisión. En nuestro camino a la salida me preguntaba acerca del encargado de la prisión, y como Joel sugirió, le dimos las gracias. Entramos a su oficina y nos dimos un apretón de manos. Reconocí que él tiene una trabajo muy complicado necesitando mucha sabiduría y pregunté si podría orar por él y bendecirlo. “Bueno” dijo el, y pregunté si podíamos poner nuestras manos sobre él. El aceptó pero tan pronto comenzamos a orar de pronto sacó su arma de fuego, le quita el clip y vacía sus bolsillos de otros clips. “¡Esto es más apropiado!” dijo él, colocando su arma y las municiones sobre el gabinete de archivo. El recibe nuestra bendición y ofrecemos orar por sanidad por una herida relacionada a una pelea de machete que dejó su brazo, hombros y pecho con un dolor intenso. “Todo el dolor se ha ido,” nos dice con una sonrisa después que oramos. Nos vamos asombrados por el verdaderamente especial y único Espíritu que desarma y ama a ambos los pandilleros y custodio.
Esa noche y el día siguiente ministramos a los siete capellanes y a unos 50 trabajadores ministeriales, enseñando sobre el perdón y orando para que el Espíritu de Dios refresque y renueve a la gente. El Espíritu Santo vino en formas hermosas, con muchas lágrimas y con todo el mundo pidiendo que oremos por ellos.
Estoy seguro que hay necesidad de más y más sanidad de parte de Dios, su presencia transformadora traída directamente al corazón de los lugares con mayores heridas y dolor. También estoy seguro enfrentar la verdad honestamente del pasado violento de Guatemala y de la participación de Los E.U es crítica para que el perdón guíe a verdadera reconciliación y paz.
